miércoles, 8 de marzo de 2017

LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA ES MUY RICA Y HA CORROMPIDO LOS SISTEMAS DE SALUD

El médico danés Peter C. Gøtzsche lleva 30 años trabajando codo con codo con la industria farmacéutica y asegura que el sistema está corrompido hasta la médula

Cuando un científico se atreve a criticar a la industria farmacéutica, enseguida se le critica porque no la conoce bien. Pero al médico danés Peter C. Gøtzsche es difícil pillarle por este flanco. Durante 30 años, Gøtzsche ha trabajado en ensayos clínicos y regulación de medicamentos para varias farmacéuticas y ha publicado más de setenta artículos científicos en las Big Five, las cinco principales revistas científicas. Y es por esto por lo que afirma con rotundidad que la industria farmacéutica está corrompida hasta la médula, extorsiona a médicos y políticos, y mantiene enormes beneficios a fuerza de medicar innecesariamente a la población.

Su nuevo libro, Medicamentos que matan y crimen organizado (Los libros del lince), ha causado una enorme polémica y ha desatado la ira de la industria, a la que Gøtzsche acusa de propagar mentiras sobre su investigación. El doctor ha atendido a El Confidencial en una extensa entrevista en la que no deja títere con cabeza.

PREGUNTA. Hace unas semanas entrevistamos al psiquiatra Allen Frances. Nos dijo, literalmente, que la industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga. Usted opina lo mismo. Cuando se publicó la entrevista muchos lectores se quejaron porque les parecía una aseveración exagerada. ¿Por qué cree que no lo es?
RESPUESTA. Decir la verdad no puede ser una exageración. En mi libro documento que el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En Estados Unidos, por ejemplo, la prescripción de medicamentos causa cerca de 200.000 defunciones todos los años. Así que está claro que la industria farmacéutica está causando bastante más muertes que los cárteles de la droga.

P.: Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, asegura en el prólogo de su libro que los médicos acabarán cayendo en desgracia ante la opinión pública, como ya ha ocurrido con periodistas, diputados y  banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué punto han aceptado la corrupción.
R.: La industria farmacéutica es inmensamente rica y poderosa, y ha corrompido los sistemas de salud de una forma extraordinaria. Es una corrupción de largo alcance. Todo el proceso por el que nuestros medicamentos son investigados, aprobados y recetados ha sido corrompido. Esto implica manipular los datos científicos, pero también comprar a casi cualquier persona que pueda tener influencia en el sistema, incluidos los ministros de salud. En mi país, por ejemplo, sólo hay en torno a 20.000 médicos, pero miles de ellos cobran nóminas de la industria por cumplir funciones discutibles como sentarse en consejos asesores o ser consultores, en muchos casos sin aportar ningún servicio tangible a cambio del dinero. Esta es una forma aceptada y generalizada de corrupción sutil pues, como sabe cualquier médico, el dinero dejaría de fluir si no actuaran en interés de sus benefactores.

P.: Para la mayoría de la población, es difícil creer que muchos de los fármacos que tomamos causan más problemas que beneficios. ¿Es algo que podemos afirmar de muchos medicamentos?
R.: Es verdad que muchos de los medicamentos que la gente toma causan más daños que beneficios. Sabemos muy poco sobre la utilidad real de los medicamentos, ya que la práctica totalidad de los ensayos controlados con placebo son desarrollados por la industria farmacéutica, que tiene un tremendo conflicto de intereses. La industria exagera los beneficios y oculta los daños de los medicamentos en la publicación de los ensayos clínicos. Muchos de los fármacos que tomamos ni siquiera tienen efectos; simplemente parece que han tenido un efecto en los ensayos avalados por la industria, pero esto sucede normalmente porque los ensayos no se han 'cegado' de forma efectiva, y en ese caso tanto los pacientes como los médicos tienden a exagerar los efectos subjetivos de los medicamentos de forma substancial.
No hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva.

P.: ¿Hay fármacos que se utilizan en la práctica médica que no cuentan con ninguna justificación científica válida?
R.: Creo que los fármacos anticolinérgicos para la incontinencia urinaria y los medicamentos antidemencia no tienen un efecto real, y lo que se midió en los ensayos clínicos está sesgado porque el cegamiento fue insuficiente. Un área particularmente problemática es la de las drogas psiquiátricas. La falta de un cegamiento efectivo en los ensayos conlleva, por ejemplo, que sea dudosa la efectividad real de los antidepresivos para tratar la depresión; probablemente ni siquiera funcionan para tratar la depresión clínica. En cualquier caso, no hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva. Sabemos que los antipsicóticos causan daños cerebrales, pero probablemente también los antidepresivos y los medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

P.: Lo que ha ocurrido en España con el Sofosbuvir, el medicamento de última generación que cura la mayoría de casos de hepatitis C es, según el farmacólogo Joan-Ramón Laporte (que prologa la edición española de su libro), un claro ejemplo del comportamiento en ocasiones indignante de la industria farmacéutica. El pasado 1 de octubre la ministra da Salud española anunció que el Gobierno había llegado a un acuerdo con la farmacéutica Gilead para incluir el fármaco en la financiación pública. Nadie sabe exactamente cuánto va a costar, pero quizás sean más de 125 millones de euros durante el primer año de comercialización. ¿Están las farmacéuticas chantajeando a los Gobiernos?
R.: El caso del Sofosbuvir es sólo uno de los más recientes ejemplos de la forma en que las compañías farmacéuticas extorsionan a la sociedad. Gran parte de la investigación que permite el desarrollo de nuevos fármacos ha sido financiada por el dinero de los ciudadanos, que pagan las nóminas de los investigadores públicos. Si un medicamento es considerado un gran avance, la norma es que la compañía farmacéutica que se hace cargo del desarrollo de ésta cobre un precio obsceno, abusando de ese modo el monopolio que la sociedad le ha otorgado. El precio de un nuevo fármaco no tiene nada que ver con sus costes de desarrollo, pero depende por completo de cuánto estemos dispuestos a pagar por él. Es un tipo de extorsión que no es muy distinta del tipo de chantaje que ejercen los piratas en Somalia cuando abordan barcos y toman rehenes. En ambos casos, puede ser una cuestión de vida o muerte, y es puede ser muy difícil para los políticos negarse a pagar los medicamentos cuando los periodistas ponen a pacientes a llorar en la televisión nacional.

P.: Uno de los argumentos más utilizados por la industria farmacéutica para defenderse de las críticas es que sin su inversión en investigación no tendríamos los medicamentos que tenemos. ¿Es cierto?
R.: En mi libro desacredito este argumento, que, lamentablemente, es ampliamente aceptado entre médicos y políticos. ¿Aquellos que se creen esto estarían dispuestos a pagar veinte veces más por su nuevo coche sólo porque el vendedor les dice que por hacerlo tendrán mejores coches en el futuro? La situación es del todo absurda. Normalmente, las empresas dicen: “Si no gastáramos nuestro dinero en investigación, moriríamos”. Pero las compañías farmacéuticas lo que dicen es: “Si no tenemos vuestro dinero para gastarlo en investigación, vosotros moriréis”. Sólo los líderes religiosos son más listos que ellos, pues prometen que seremos recompensados tras la muerte, lo que hace que sea completamente imposible quejarse.
Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década; y al mismo tiempo la innovación se ha estancado
Empíricamente se ha demostrado que este argumento no se sostiene. Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década, y al mismo tiempo la innovación se ha estancado. En definitiva, el capitalismo y el cuidado de la salud son malos compañeros de cama. Nuestras sociedades deben tomar el control sobre el desarrollo y la venta de medicamentos, lo que garantizaría que tuviéramos los medicamentos a precios que incluso los países en desarrollo podrían permitirse.

P.: Muchos médicos e investigadores conocen a la perfección lo que está haciendo la industria farmacéutica, pero se niegan a hablar porque, después de todo, su trabajo depende de ellas. ¿Hay miedo entre los profesionales a criticar a las farmacéuticas?
R.: La situación en la que estamos ahora es similar a la que vive un pueblo cuando ha permitido a la mafia ser tan poderosa que ha logrado comprar a todo el mundo, incluidos los políticos, el alcalde y la policía. En una situación así es increíblemente difícil dar marcha atrás. Esto es lo que está pasando ahora con la industria farmacéutica, que ha comprado a muchos doctores clave, que son líderes de opinión. Hay casos de médicos que han perdido su trabajo por criticar a la industria, porque la farmacéutica en cuestión había comprado ya a sus superiores. Esto es lo mismo que hace la mafia cuando se carga a un oficial de policía que hace demasiado bien su trabajo.

P.: La manipulación que ha realizado la industria farmacéutica de muchos estudios científicos ha hecho que mucha gente niegue la veracidad de los estudios científicos en general. Esto es muy peligroso. ¿Crees que podemos poner en duda la mayoría de la investigación en medicina?
R.: No creo que sea peligroso que la gente no se crea los estudios científicos sobre medicamentos. Es muy saludable que sean escépticos teniendo en cuenta que nuestros fármacos son la tercera causa de muerte. La gente debería tomar muchísimos menos medicamentos de los que toma. He estado trabajando en estos 30 años y he visto serias manipulaciones y trampas en todas las áreas de la medicina por razones comerciales. Esto es por lo que los científicos que colaboran con la industria en los ensayos clínicos casi nunca tienen acceso a todos los datos en bruto para que pueden analizaros por ellos mismos. Si esto fuera posible, tendríamos la oportunidad de revelar gran parte del fraude.

P.: Muy a menudo, las personas que critican a la industria farmacéutica mezclan sus argumentos con teorías pseudocientíficas. Es el caso, por ejemplo, de los movimientos antivacunación. ¿Tendemos a mezclar churras con merinas?
R.: Algunos practicantes de medicina alternativa o defensores de las campañas antivacunación asumen que soy uno de ellos porque critico a la industria farmacéutica. Desde luego no es el caso. La mayoría de nuestras vacunas salvan vidas y el principal efecto de la medicina alternativa es vaciar los bolsillos de la gente, muy pocas de ellas tienen siquiera algún efecto.
ENTREVISTA CON PETER C. GØTZSCHE

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-11-03/la-industria-farmaceutica-es-muy-rica-y-ha-corrompido-por-completo-los-sistemas-de-salud_408758/

lunes, 7 de noviembre de 2016

FUMIGACIÓN: TRES DÉCADAS DESTRUYENDO A COLOMBIA

Por: GERMÁN CASTRO CAYCEDO. 6 de noviembre de 2016


Germán Castro Caycedo habla de la incidencia de EE. UU. en el auge de cultivos de droga en el país.
  
Los medios de prensa han vuelto a registrar en sus titulares, ‘Washington preocupado por aumento de los cultivos de coca’.

No obstante, en el año 2001, Thomas McLarthy, asesor del presidente Bill Clinton, aseguró en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Lima: “Los Estados Unidos, con menos del cinco por ciento de la población mundial, consumen el cincuenta por ciento de la droga que produce el mundo”.

A pesar de esto, hoy para Washington la causa de que los cultivos se hayan duplicado entre los años 2014 y 2015 es la suspensión de las fumigaciones aéreas con glifosato, prohibido en los mismos Estados Unidos para ser aplicado mediante el sistema que ellos implantaron en Colombia.

Analizando los millones de dólares invertidos en la guerra contra las drogas en este país, los herbicidas de la firma estadounidense Monsanto son los únicos ganadores de una destrucción de treinta años.

Hoy, a pesar de que el Presidente de la República ha reiterado que el comienzo de la sustitución de cultivos ilícitos por otros medios está siendo exitoso, la insistencia de funcionarios menores ajenos al problema continúa siendo la devastación con herbicidas de sistemas vitales para la humanidad como la Amazonia, uno de los medios generadores de vida más importantes de la Tierra.

Sin embargo, a la vez que aquellas voces de segundo plano insisten en que Colombia debe regresar a las fumigaciones aéreas, omiten que Ecuador condenó a Colombia a suspenderlas a lo largo de su frontera.

En marzo del año 2008, Quito nos demandó ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya “por los graves daños genéticos causados a la población fronteriza expuesta por Colombia a los potentes herbicidas Paraquat y Glifosato”.

La base de la denuncia fueron estudios académicos realizados por cuatro universidades ecuatorianas, según los cuales “por la incidencia de herbicidas, un diez por ciento de la población afectada está en riesgo de daños genitales que pueden ser irreversibles (riesgo de contraer cáncer y procrear hijos con malformaciones congénitas)… Además de destruir el ambiente, el suelo, las plantas y los animales”.

Luego, en el año 2013, tras aceptar su culpabilidad, Colombia fue condenada a pagar una indemnización de quince millones de dólares y se le ordenó en forma perentoria “abstenerse de fumigar a menos de diez kilómetros de la línea fronteriza”.

El Estado colombiano afronta en su contra multimillonarias demandas por cuenta de los presuntos daños que han ocasionado las fumigaciones aéreas con glifosato a cultivos ilícitos.

Si bien estos procesos legales todavía se hallan en curso, debido a su cantidad y costo –de acuerdo con fuentes del propio Gobierno– podrían representar un duro revés jurídico y presupuestal.

Según información de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica, el Estado enfrenta 259 procesos por aspersión aérea con glifosato a cultivos ilícitos, cuyas pretensiones llegan a los 1,7 billones de pesos.

Hay dos factores que son comunes en estas pretensiones. Uno es que la aspersión con glifosato supuestamente causó problemas de salud en varias comunidades, y el otro es que dicho herbicida habría afectado cultivos de pancoger.

La demanda más costosa es por 1,7 billones de pesos y la interpuso una comunidad del Cauca, en el 2010, argumentando que “es afectada por indiscriminadas aspersiones aéreas con glifosato y otros componentes como método utilizado para la eliminación de cultivos ilícitos”.


http://www.eltiempo.com/politica/justicia/german-castro-caycedo-habla-del-glifosfato/16744377

jueves, 20 de octubre de 2016

PREMIO NOBEL DE MEDICINA HACE UNA DENUNCIA

El Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts denuncia la forma en que el gran trabajo Farmacéutico dentro del sistema capitalista, prefieren los beneficios económicos para la salud, y detener el progreso científico en la curación de enfermedades, porque la curación no es tan rentable como la cronicidad.

Hace unos días, se reveló que las grandes empresas farmacéuticas de los Estados Unidos gastan cientos de millones de dólares al año en los pagos a los médicos para promover sus medicamentos.

Para complementar, nos reproducimos esta entrevista con el Premio Nobel Richard J. Roberts, que dice que los medicamentos que curan no son rentables y por lo tanto no son desarrollados por las empresas farmacéuticas, que, a su vez, desarrollan drogas cronificadores que se consumen en forma de serie.

Esto, dice Roberts, también hace alusión a que algunos fármacos que podrían curar una enfermedad no son investigados. Y la pregunta es ¿hasta qué punto es válido y ético que la industria de salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, que viene a parecerse a la mafia?

¿La investigación se puede planificar?

Si yo fuera el Ministro de Salud o el Ministerio de Ciencia y Tecnología, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; darles dinero para que no tenga que hacer nada, en la que su única función sea investigar y dejar que ellos trabajaran diez años antes de que pudiéramos sorprender con curas extraordinarias.

Parece una buena política.
Se cree que, yendo demasiado lejos, tenemos que apoyar la investigación básica, pero si queremos resultados más inmediatos y rentables, tenemos que invertir millones…

¿Y no es así?
A menudo, los descubrimientos más rentables fueron hechas de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y la industria biotecnológica mil millones de dólares EE.UU. , para la cual trabajo.

¿Cómo lo hizo?
La biotecnología surgió cuando gente apasionada comenzaron a preguntar si podían clonar genes y empezó a estudiarlos e intentar purificarlos.

Una aventura ¿no?
Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con estas cuestiones. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.

¿Ha sido científicamente productiva?
Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no trabajan directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.

¿Qué has descubierto?
Yo y Phillip Allen Sharp fuimos recompensados por los intrones de descubrimiento en el ADN eucariótico y el mecanismo de empalme de genes (manipulación genética).

¿Para que sirve?
Este descubrimiento ayudó a entender la forma en que funciona el ADN y, sin embargo, sólo tienen una relación indirecta con el cáncer.

¿Qué modelo de investigación parece más eficaz, el estadounidense o europea?
Es obvio que la de EE.UU. , donde el capital privado está activo, es mucho más eficiente. Tomemos por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde el dinero privado financia la investigación básica y aplicada. Pero a medida que la industria de la salud… Tengo mis reservas.
Entiendo
La investigación sobre la salud humana no puede depender únicamente de su rentabilidad. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

Explíquese
La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capitales…

Al igual que cualquier otra industria.
No es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y de millones de seres humanos.

Pero si son rentables, investigar es mejor.
Si sólo piensan en las ganancias, deja de preocuparte por servir a los seres humanos.
Por ejemplo…  revisé el camino, en algunos casos, los investigadores dependientes de fondos privados encontrado medicamentos muy eficaces que han terminado completamente con una enfermedad…

¿Y se detuvieron para investigar?
Dado que las compañías farmacéutica a menudo no están tan interesados en la curación de la gente le gusta sacar dinero de ellos y, por lo tanto, la investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de fármacos que no se curan bien, pero lo hacen de enfermedades crónicas y no sentir una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.

Es una grave acusación.
Sin embargo, lo habitual es que Pharmaceutical estar interesado en líneas de investigación hay remedio sino para convertirse en enfermedades crónico con fármacos cronificadores más rentables que los que curan una vez y por todas. Y lo que tiene que hacer más que seguir el análisis financiero de la industria farmacéutica para probar lo que digo.

Hay dividendos de matanza.
Es por eso que usted ha dicho que la salud no puede ser un mercado o puede ser visto sólo como un medio para ganar dinero. Y así, creo que el modelo europeo de capital público y privado mixta dificulta este tipo de abuso.

¿Un ejemplo de tal abuso?
De izquierda a investigar antibióticos por ser demasiado eficaz y sanar completamente. Como si no han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que fue derrotado en mi infancia, está emergiendo de nuevo y el año pasado mató a un millón de personas.

¿No habla sobre el Tercer Mundo?
Este es otro triste capítulo: apenas investigar enfermedades del Tercer Mundo, debido a que los fármacos que se pelea sería poco rentable. Pero estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura todo no es rentable y por lo tanto no se investiga.

¿Los políticos no intervienen?
No me hago ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, invertir lo que sea necesario para que sus niños son elegidos y, si no, compran a los elegidos.

Hay de todo.
El capital sólo se multiplica los intereses. Casi todos los políticos, y sé de lo que hablo, dependen descaradamente estos multinacional farmacéutica que financian sus campañas. El resto son palabras…



viernes, 2 de septiembre de 2016

LA ENFERMEDAD, UN NEGOCIO PARA LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones. Por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancia.

La mayor parte de las empresas farmacéuticas tienen carácter internacional y están presentes en muchos países a través de sus filiales. El sector es tecnológicamente muy adelantado y abarca la biología,  bioquímica, ingeniería, microbiología,  farmacia y farmacología,  medicina, enfermería, física, etc.  Esta industria desarrolla actividades de investigación y desarrollo (I+D), producción, control de calidad, marketing, representación médica, relaciones públicas o administración.

La globalización le ha permitido maximizar sus beneficios ya que compran las materias primas en los países donde son más baratas (países en vías de desarrollo), instalan sus fábricas en donde las condiciones laborales son más ventajosas y venden sus productos fundamentalmente en los países donde la población tiene mayor poder adquisitivo y los servicios de salud están más desarrollados.

La industria farmacéutica, encargada de la producción y comercialización de medicamentos, es uno de los sectores económicos más importantes del mundo. La Lista Fortune (500 mayores empresas del mundo) mostraba en 2002 que el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas superaba los beneficios acumulados por las otras 490 empresas. El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones. Por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancias, gracias a que si alguien necesita una medicina y dispone de recursos la compra.

Un sector oligopólico

El mercado farmacéutico está dominado por grandes empresas de los países industrializados, a pesar de los avances de algunas naciones en desarrollo y acapara una gran parte del mercado mundial gracias al control de la innovación y el desarrollo. El sector farmacéutico se encuentra en continuo crecimiento y se caracteriza por una competencia oligopólica en la que 25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial. La capacidad competitiva se basa en la investigación y  desarrollo (I +D),  en la apropiación de las ganancias mediante el sistema de patentes y en el control de las cadenas de comercialización de los medicamentos.

Ninguno de los países en desarrollo cuenta con industria farmacéutica propia, y con excepción quizás de Brasil y de la India, han logrado una auténtica emancipación en este aspecto. Aunque algunos países desarrollados que han sido capaces de crear laboratorios nacionales dependen mayoritariamente de los proveedores de materias primas químicas y, por consiguiente, de las industrias químico-farmacéuticas que pertenecen también a estas. Un reducido grupo de países (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) dominan la casi totalidad de la producción, investigación y comercialización de los fármacos en el mundo.

Desarrollan estrategias empresariales cuestionables

Estas empresas buscan conseguir fabulosas ganancias, recurriendo a estrategias muchas veces cuestionables que gracias a su poder suelen gozar de una gran impunidad, aplastando  a competidores menores y presionando a los gobiernos. Los precios que fijan son muy elevados lo que los hacen inaccesibles a una gran parte de la población mundial, mientras que algunos de sus productos dañan la salud de los enfermos.

Entre las principales estrategias utilizadas hoy por la industria farmacéutica para obtener sus ganancias mil millonarias cabría destacar:

Realizan una gran presión propagandística de los medicamentos que fabrican, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos para la salud.

Explotan al máximo los medicamentos en forma de monopolio y en condiciones abusivas que no tienen en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva.

Reducen la investigación de las enfermedades que afectan principalmente a los países pobres, porque no son rentables, mientras se concentran  en los problemas de las poblaciones con un alto poder adquisitivo, aun cuando no se trate de enfermedades (como la proliferación de “medicamentos” antienvejecimiento).

Fuerzan las legislaciones nacionales e internacionales para favorecer sus intereses, aunque sea a costa de la salud y la vida de millones de personas.

La colaboración de las multinacionales farmacéuticas con la industria química,  las universidades, y su apuesta en el I+D han ayudado al crecimiento económico y al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Pero su poder oligopólico está poniendo en riesgo la sostenibilidad de los sistemas sanitarios públicos y el acceso a los medicamentos a gran parte de la población, han generado graves problemas de salud (Talidomida), han creado situaciones de alarma social para vender sus productos (Tamiflú contra la Gripe A) y han promovido la corrupción (sobornos a médicos y políticos) o dañado a la salud  (son una de las primeras causas de muerte y enfermedad) muertes con sus productos.

Principales laboratorios multinacionales a nivel mundial

Las diez primeras empresas facturaron en 2012 un total de 335.000 millones de dólares, lo que supone un 29,8% más que los 235.000 millones del año 2004. La totalidad de estas empresas están en los países más desarrollados:  5 tienen su sede en Estados Unidos (50%), 2 en Suiza (20%), otras dos en el Reino Unido (20%) y 1 en Francia (1%), aunque también hay empresas japonesas, europeas nórdicas, alguna alemana con importantes niveles de ganancias.

Los márgenes de ganancias de estas industrias son muy importantes alcanzando entre el 70 y el 90%, con una tasa de ganancias del 20%, superando ampliamente el 15,8% de los bancos comerciales.

Algunas estrategias de la industria farmacéutica para incrementar sus ganancias

Para alcanzar y mantener estos enormes beneficios (a expensas de los servicios sanitarios públicos), recurren en muchos casos a colocar  en puestos políticos y gubernamentales a personas  afines a sus intereses o a directivos de sus empresas.
Patentes comerciales: Una estrategia que incremento el poder político y económico de las grandes compañías farmacéuticas estadounidenses fue la ley de extensión de patentes (Ley Hatch-Waxman) aprobada por Reagan en 1984, (hasta esa fecha la política de patentes no afectaban a los medicamentos por considerarlos un bien necesario). Esta medida se extendió posteriormente al resto del mundo gracias a la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994, que vela por que la globalización no afecte a los intereses del gran capital multinacional. Ahora el 60% de las patentes de medicamentos son de EE.UU., frente al 20% de la Unión Europea. Gracias a esto EE.UU. domina el mercado de los 50 medicamentos más vendidos

Problemas asociados a las patentes de medicamentos:

Dificultan el acceso a la atención sanitaria y a la disponibilidad de medicamentos esenciales a gran parte de la población por su elevado coste que es fijado abusivamente por los laboratorios.
Favorece los intereses industriales a expensas de la mayoría de la población. El caso del tratamiento de la Hepatitic C con Sovaldi a un precio brutal es un ejemplo paradigmático.
Imposibilita una auténtica competencia.
Son injustas con los países subdesarrollados.

Incrementar el precio de los medicamentos: La industria argumenta la necesidad de fijar un elevado precio  por los costes para investigar y fabricar moléculas cada vez más complicadas que exigen inversión y aparatos muy costosos. En realidad, el incremento de los costes no está  relacionado con la fabricación de los medicamentos, ni tampoco con la inversión en investigación y desarrollo,  sino en los gastos asociados a la comercialización y la promoción de sus productos. Mientras que la investigación y desarrollo de fármacos recibe en torno al 13% del prepuesto, los gastos de marketing suponen entre el 30-35% del presupuesto de los laboratorios, es decir gastan el doble en promoción que en investigación, el articulo antes citado del BMJ señalaba que  por cada $ dedicado a la  investigación se dedican 19 a promoción.

Por otro lado los costos de fabricación han disminuido de manera importante, debido al empleo de aparatos y procesos industriales más eficientes, a la automatización de muchas etapas productivas y a la reducción de mano de obra (las grandes fusiones de las principales empresas farmacéuticas de los años 90 generaron decenas de miles de despidos). Los costes son la consecuencia de la realización de estudios de mercado, análisis de competidores, extensión de patentes, distribución, promoción, publicidad y ventas de sus productos, gastos administrativos para mantener estructuras multinacionales y los astronómicos salarios pagados a sus ejecutivos.

Estrategias para incrementar la venta de medicamentos

La industria se enfrenta, desde hace algunos años a las políticas de los gobiernos de reducir el gasto farmacéutico que suponen una proporción cada vez mayor de los presupuestos estatales (en España alcanza entre el 25-30% del gasto sanitario total, lo que pone en riesgo el sostenimiento del sistema público), con medidas como reducción de precios, precios de referencia para grupos de medicamentos similares o la promoción de genéricos.

Para hacer frente a esta disminución de ganancias los laboratorios están poniendo en práctica diferentes medidas:
·        Redefinir e  incrementar la prevalencia de determinadas enfermedades: Hay informes que señalan que la disfunción sexual femenina alcanza al 43% del total.
·        Promover el tratamiento de problemas leves o de mediana gravedad como indicios de enfermedades más graves: Síndrome del colon irritable o trastornos de ansiedad.
·        Transformar los riesgos para la salud en enfermedades: La osteoporosis o el síndrome por déficit de testosterona.
·        Estimular la preocupación sobre futuras enfermedades en poblaciones sanas. La osteopenia o el Alzheimer.
·        Convertir los problemas personales y sociales en trastornos de salud diagnosticables y con necesidad de tratamiento: Convertir la timidez en fobia social.
·        Considerar ciertas enfermedades como epidemias de extraordinaria propagación y letalidad: La gripe A que fue una gripe más suave que la estacional promovió la aplicación de protocolos estrictos (con el uso de trajes y áreas de aislamiento, el empleo de antivirales como Tamiflú de eficacia no probada y la promoción en masa de la vacuna).

Hasta hace poco, era frecuente que las grandes empresas farmacéuticas pagasen sobornos a los médicos para que recetasen sus medicamentos, aunque es una práctica que generalmente está mal vista y en muchos lugares es ilegal. Con el incremento de los controles sobre los médicos prescriptores, los laboratorios están desarrollando estrategias para apoyar económicamente, organizar congresos y reuniones con la Organizaciones de Enfermos para buscar el apoyo de los mismos y que presionen a los gobiernos para la financiación de determinaos fármacos aunque no esté justificada su necesidad o tengan efectos adversos.

http://www.nuevatribuna.es/articulo/sanidad/enfermedad-negocio-industria-farmaceutica/20150

sábado, 13 de agosto de 2016

PÁNICO EN LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

Joven de 18 años hace temblar a la multimillonaria industria farmacéutica con su descubrimiento.

"Jack Andraka es un joven de 18 años que, a su corta edad, está haciendo temblar a la industria farmacéutica entera gracias a un increíble descubrimiento que revolucionará el sector salud, específicamente lo que tiene que ver con la terrible enfermedad del cáncer. Jack inventó un sensor que puede detectar el cáncer en 5 minutos y en etapas tempranas. A los 13 años, él perdió a un ser querido por culpa del cáncer de páncreas, y esto lo motivó a investigar sobre nuevas formas más eficaces para la detección de este mal.

La producción de este sensor cuesta solamente 3 centavos de dólar, y desde luego los grandes laboratorios le negaron el apoyo pues esto derribaría el enorme poderío de la industria del cáncer. Por fortuna, encontró el apoyo de una universidad, la cual se interesó por su invento.

Jack comenzó sus investigaciones en Google y Wikipedia. A raíz de la muerte de su ser querido por cáncer de páncreas, los médicos le dijeron que desafortunadamente este tipo de cáncer no suele detectarse a tiempo, lo que lo alentó a investigar más sobre las manifestaciones físicas de este mal. Tras tres años de investigaciones, Jack dio con una forma efectiva, rápida y segura de detectar esta enfermedad mortal a tiempo para poder ser tratada”.

Este joven investigó y aprendió que en nuestra sangre hay 8 mil proteínas. Así, se dio cuenta de que una de ellas, la mesotelina, se dispara rápidamente en las personas que adquieren cáncer de pancreático.

“Detecta una de las miles de proteínas (la mesotelina) que hay en la sangre de los enfermos de cáncer. La mecánica fue utilizar anticuerpos y entretejerlos en una red de nanotubos de carbono, de modo que se obtiene un marcador que únicamente reacciona ante dicha proteína”, dijo Jack en su presentación en el Festival de las Mentes Brillantes.

Nadie se hubiera imaginado que se trataría de un sencillo sensor de papel, cuyo costo no rebasa los 3 centavos y que arroja resultados bastante precisos en tan solo 5 minutos, siendo capaz de detectar tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón. Lo mejor es que, siendo 26 mil veces más barato, es 168 veces más rápida que los actuales métodos de detección, con la ventaja de que este no es invasivo.

Lo mejor, sin duda, es que este invento es capaz de detectar el cáncer en etapas tempranas, cuando el enfermo aún tiene un enorme porcentaje de posibilidades de supervivencia. “Y, cambiando el anticuerpo, este mismo invento puede utilizar una proteína diferente para detectar Alzheimer, otras formas de cáncer o VIH”, añade Jack.

Después de su descubrimiento, envío solicitudes a 200 laboratorios, siendo rechazado por todos ellos. Al fin, la Universidad John Hopkins le abrió las puertas y le ayudará en el desarrollo de su invención.

No es de extrañar que los laboratorios no lo hayan querido ayudar, pues este invento podría hacer tambalear a la industria farmacéutica y sus millonarios negocios en torno al cáncer.

Por el momento, el invento de Jack se encuentra en trámites para ser patentado. Por ahora ya ha ganado varios premios internacionales y ha dado varias conferencias explicando el funcionamiento de su innovación. Esperamos que este sea el inicio de una exitosa carrera para Jack en las tecnologías para las ciencias de la salud. Por lo pronto, muchos pacientes le agradecerán por este genial invento".



http://esnoticia.co/noticia-19869-joven-de-18-anos-hace-temblar-a-la-multimillonaria-industria-farmaceutica-con-su-descubrimiento

sábado, 23 de enero de 2016

EL COMPLEJO MÉDICO-FARMACÉUTICO, DELICUENCIA ORGANIZADA CONTRA LA SALUD


La cultura de la corrupción como “modus operandi”

El norteamericano Jay S. Cohen es doctor en Medicina y no es precisamente de los que son muy condescendientes con la situación actual de ese “pacto de caballeros” que existe entre médicos y empresas farmacéuticas. En dos interesantísimos artículos titulados: Cultura de la corrupción en la profesión médica deja bien a las claras que las cosas, en la llamada medicina oficial, están alcanzando unos derroteros que rozan (o sobrepasan) la prostitución de la profesión médica.

Los conflictos de intereses de los galenos con la farmafia son moneda de curso común, mientras que esa industria intenta influir en los médicos a través de la promoción de sus drogas legales que son a veces útiles (pocas) e inservibles y iatrogénicas (en una buena parte). El doctor Cohen lo refleja  en la primera parte de su artículo Decenas de miles de representantes de ventas aparecen en los consultorios médicos todos los días. Los pacientes en las salas de espera a menudo son superados  en   número  por   los  representantes   de  la   industria  del  medicamento (por   lo general   mujeres   jóvenes   y   atractivas); aquí,   lo   único   “atractivo”   son   unos   buitres   gordos encorbatados, apostados con sus maletines al acecho. Sobre este asunto Cohen apunta un dato de relevancia. Y es que, según el galeno norteamericano, los estudios han demostrado que la influencia de las compañías farmacéuticas sobre los médicos suelen dar lugar a decisiones irracionales y tienen un impacto negativo en el tratamiento de los pacientes.

Con ser ese  un aspecto  importante del  entramado médico-farmacéutico quizás  la  parte más decisiva  de   este  fraude   y  corrupción   generada   por  la   industria  de   las  drogas   legales  y   las complicidades del establishment médico sea que, según Cohen, ellos (las corporaciones) no sólo   ofrecen   regalos,   cenas   y   seminarios,   sino   que   seleccionan   cuidadosamente   los estudios que apoyan el uso de sus medicamentos. El objetivo general es el control de la información que reciben los médicos acerca de los fármacos. Los estudios con resultados desfavorables no se publican. Es decir, los representantes de la industria farmacéutica no incluyen estudios independientes donde existan conclusiones menos favorables.

Marcia Angell, ex editora en jefe del New England Journal of Medicine, quien ya denunció, en su momento, la poca credibilidad de las investigaciones sobre ensayos clínicos, se hace eco de esta cuestión reflexionando acerca de esa telaraña de intereses creados mutuamente entre médicos y la mafia de las drogas legales: algunas instituciones académicas, dice Angell, han entrado en alianzas   con   las   compañías   farmacéuticas   para   establecer   centros   de   investigación   y programas de  enseñanza   en   el   que   los  estudiantes  y   miembros   de  las   facultades   de Medicina llevan a cabo, esencialmente, investigación para la industria farmacéutica.

Cuando los límites entre esta industria y la medicina académica se ha vuelto tan difusa, como lo son actualmente, los objetivos de negocio de las multinacionales del medicamento influyen de múltiples maneras en esas Facultades de medicina. Entonces ¿qué se puede esperar de la gran mayoría de los médicos si éstos tienen vínculos financieros con la industria farmacéutica la cual marca las directrices, recomendaciones y prescripción de medicamentos que incluso pueden dejar graves secuelas físicas y psíquicas, como así ha sucedido?

Pamela Hartzband y Jerome Groopman afirman en el New York Times que los médicos son recompensados (por la Farmafia)  por mantener el colesterol de sus pacientes y la presión arterial por debajo de ciertos niveles objetivo. Jay S. Cohen habla en el mismo sentido que sus colegas anteriores. Los métodos de prescripción de los médicos están muy influenciados por los incentivos de las compañías farmacéuticas.

Pero ¿Esto no sería, además de corrupción, un delito contra la salud pública? ¿Qué grado de complicidad y encubrimiento tienen las agencias nacionales gubernamentales de salud de los países, sobre todo desarrollados? ¿Tienen algunos la desvergüenza de hablar en contra de  la   homeopatía y silenciar  esta campaña de iatrogenia masiva? Cohen remarca el hecho de que durante años, muchos de nosotros (los médicos) nos hemos opuesto a las compañías farmacéuticas que ofrecen regalos, cenas caras, viajes, vacaciones, entradas para espectáculos en Broadway, eventos deportivos, campos de golf y otros regalos. Hoy en día, los representantes de las compañías farmacéuticas frecuentan los pasillos de muchas Facultades de Medicina, ofreciendo regalos, almuerzos y seminarios gratuitos. 

La   Asociación   Médica   Americana   (la   AMA)   y   otras   organizaciones   están   de acuerdo en “limitar” estas prácticas y han establecido directrices voluntarias (SIC) que por desgracia, estas directrices no han funcionado nunca. No han funcionado y, señalo yo, no funcionarán nunca porque la cultura de la salud hoy día es la cultura   de   la   corrupción   médico-farmacéutica   gracias,   entre   otras   organizaciones,   a   la   AMA estadounidense, quien  tolera  y  promueve  la   ciencia  de la  corrupción  (como  antes  ejerció  el gangsterismo   contra   investigadores   como Royal   Raymond   Rife).  

Y   lo   refiere   además, acertadamente, Sydney Wolfe, de Public Citizen: Las directrices voluntarias de la AMA no son  nada más que una campaña de relaciones públicas apenas disimulada. No confío en la industria   farmacéutica   o   en   la   AMA   para   practicar   lo   que   predican   porque   ya   llevan articulando directrices similares durante 11 años y solamente en el último par de años hemos encontrado un gran número de violaciones de esas normas. Este chalaneo, consentido desde los gobiernos en su calidad de gestores de la salud pública de los ciudadanos, les convierte en delincuentes de Estado al servicio de unas transnacionales que actúan del mismo modo que la mafia.

Cohen insiste en la cultura de la corrupción médica: La presencia de la industria de las drogas legales en algunas conferencias médicas es tan penetrante que a veces es difícil saber si se trata de conferencias médicas o de convenios sobre publicidad farmacéutica. Cohen cita al Washington Post  para  señalar  el despiporre de   este  festival de   mangoneo  clientelar montado conjuntamente por gobiernos, médicos y la mafia del medicamento: En los días previos a la reunión de  la Asociación Americana  de Psiquiatría, en Filadelfia [2002],  las compañías farmacéuticas enviaron por correo a los asistentes cientos de tarjetas telefónicas gratuitas, así como invitaciones a museos, conciertos de jazz y cenas de lujo. Le faltó decir, también, visitas guiadas a los mejores burdeles de lujo de la ciudad con su inexcusable pack de condones de colores (con la bandera americana, faltaría más).

Pero no hace falta ir tan lejos. Aquí, en España, las sociedades médicas también se “pegan la vida padre” en los congresos que organizan bajo el “mecenazgo” de la farmafia.

Un ejemplo.

El reciente congreso (junio de este año) de la SEPAR (Sociedad española de Neumología y cirugía torácica) se celebró en la isla de Tenerife y los asistentes se hospedaron en un lujoso hotel (el Baobab) que llaman “resort” (una forma hortera y anglofilizada de neocolonizar el lenguaje español, que significa que está ubicado en un entorno privilegiado, con “extras” como el spa, campo de golf, etc.).

En el Palacio de Congresos donde se desarrollaban las actividades de los médicos (conferencias, charlas, debates), se podían ver, de forma preeminente, casi diría que omnipotente, los “stands” de farmacéuticas como Roche, Boehringer o Astra Zeneca. Eso sí, novedades médicas para “intentar curar” (es un decir) enfermedades crónicas o letales, propias de la especialidad (asma, fibrosis pulmonar, EPOC, cáncer de pulmón, etc), ninguna que no fuese la   habitual   y   farragosa   monserga   dialéctica   médica,   tecnicista,   ambigua,   amalgamada   de “prometedoras promesas” con la que embaucar a los enfermos,  todo ello bajo el patronazgo de una industria del medicamento a la que, sobradamente, lo único que le interesa es expandir el negocio de enfermar y, también, a veces, matar.

La estrategia de la farmafia es, pues, la compra de voluntades y que el enfoque médico esté orientado   a   la   iatrogenia   de   sus  fármacos,   a   cualquier   precio,   prescindiendo   de   una   visión nutracéutica de la salud que proporcione métodos más curativos y menos agresivos que los de las drogas legales de Big Pharma. Pero no sólo la medicina oficial representada por los galenos es la mina que explota en exclusiva ese lobby mafioso.

También las asociaciones de pacientes están en su objetivo, utilizando el siempre sutil chantaje emocional sobre el enfermo. Así lo señala en su artículo Cohen: las compañías farmacéuticas están invirtiendo millones de dólares en grupos de defensa de pacientes y organizaciones médicas para ayudar a expandir los mercados para sus productos.   Muchos   grupos   de   pacientes   se   han   convertido   en   gran   parte   o   totalmente dependientes del dinero de la industria farmacéutica,

En definitiva, no sería descabellado, poniendo punto final a esta larga crítica de Jay S. Cohen, sobre   este   sistema   de   extorsión   planificada   y   consentida,   que   las   grandes   corporaciones farmacéuticas fuesen (quiméricamente) llevadas ante un tribunal penal internacional independiente (porque el de ahora es una pantomima compuesta por verdugos que sirven de instrumento a los crímenes de EEUU e Israel) para que fuesen enjuiciadas, entre otros muchos delitos, por impedir de forma deliberada el fomento e investigación de alternativas naturales para la salud.

Tomado de

https://e1-mg5.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=bm9un6g3tc7vu#6780824428